British Sugar será el comprador de esta división por un importe de unos 526 millones en conjunto
Hay frases relacionadas con la cultura del casino en la Bolsa que han perdurado con el paso de los años y que lo seguirán haciendo en el futuro, porque la volatilidad, como principio inherente a la renta variable, las promociona a ojos de los recién llegados o de quienes están fuera del coso. Frases como “esto es un casino” o “voy a ver a qué valor le echo (de echar, dar dinero como en una tómbola)” son comúnes en el acerbo de amplias capas de la población que desconocen las reglas de juego más elementales. Por ejemplo, que la renta variable se denomina así porque varía de precio, según la presión de la oferta y la demanda. Es en momentos de volatilidad declarada cuando quienes analizan de este modo los avatares bursátiles más alzan la voz, porque consideran que la montaña rusa de los precios está determinada por el movimiento de la ruleta, cuando no es así. La volatilidad ruge cuando despierta el ánimo de los participantes. Hay no obstante, reflejos del casino en ciertos mercados, como en los alternativos.
Y no es una invención nuestra. El directivo del regulador estadounidense (SEC, Securities and Exchange Commission) Roel Campos ha arremetido con dureza hace unos días contra la cultura de casino de algunos mercados alternativos en los que se aligeran los criterios para que una empresa pueda empezar a cotizar. A nosotros esto nos recuerda la premura y el oportunismo de la mayoría de las empresas que se estrenan en los mecados. Es lógico que aprovechen los buenos momentos, el coste de oportunidad, pero resulta desafortunado que los balances aparezcan con el tiempo inflados. En el mercado español, la muerte y resurección de alguna inmobiliaria, como Astroces el mejor exponente.
Es poco frecuente, no osbtante, que estos desvaríos y falta de control, quizá por la precipitación de los propios reguladores, se den en los mercados organizados, en las Bolsas de siempre. Los desmanes son frecuentes en los mercados aleternativos y en los OTC estadouindenses. En declaraciones que recogía el diario ‘Daily Telegraph’, Campos aludió a las escasas garantías de estos mercados alternativos, y lanzó una advertencia explícita contra la plataforma londinese Aim (Alternative Investment Market). “Me preocupa que el 30% de las empresas que cotizan en Aim se vayan en un año”, señaló el miembro del regulador estadounidense.
Aparece la palabra casino a continuación, sin rodeos, clara y explícita.“Eso es para mí como un casino y creo que los inversores lo tratarán como tal”, añadió tras una conferencia en Nueva York. Muchas compañías de estos mercados “ni siquiera pueden cumplir los criterios de nuestros mercados ‘over the counter’”, señaló en alusión a los OTC, o las plataformas en las que cotizan las empresas que no cumplen los requisitos necesarios para entrar en el NYSE o en el Nasdaq.
Campos reconoció que los costes para que una empresa entre a cotizar en los mercados estadounidenses se han incrementado considerablemente tras el escándalo de Enron, que obligó a introducir en 2002 la regulación Sarbanes-Oxley. Aún así, defendió el endurecimiento de los controles y dijo que la norma Sarbanes-Oxley ha hecho “un gran servicio a los inversores y a los mercados”.
Casino, sí, pero en mercados alternativos y con políticas de admisión lasas. Las Bolsas de siempre son otra cosa, aunque a veces no lo parezcan.