La compañía ha alcanzado un principio de acuerdo con British Sugar para negociar con ella en exclusiva
En un comité de Redacción, que, como todos los días, celebramos en un agosto tan cargado de veneno como el de ahora, en pura terminología bursátil, el director de entonces puso la pregunta infantil sobre la mesa. “Es tanta la presión mediática, tanto el bombardeo constante sobre la caída (la de entonces) de la Bolsa, que mi hija me ha preguntado si la Bolsa puede cotizar a cero, es decir, si el índice puede marcar ese nivel. Y todo porque le comenté hace unos meses que había invertido parte de su ahorro en unos fondos de Bolsa”. Uno lo miró perplejo, pero con el respeto del momento. Supuse que el director de esa época hablaba en serio y en broma a la vez, para transmitir la gravedad del momento. Quiero suponerlo. Este fin de semana, cosas del azar y de la ignorancia, la pregunta que me han hecho algunos parientes, cada vez más lejanos, ha sido la misma. He entendido que a los bolsistas les tiembla el pulso y que los mercados han vuelto a hacer bueno el efecto rebaño ¿Dónde está el flautista?
El flautista, como el del cuento, está al borde del precipicio, pero él no se cae. Caen sus seguidores, como ratas de alcantarilla. Los últimos sucesos bursátiles los hemos visto y analizado más veces de lo necesario y deseable. Pero es lo que hay. El efecto manada, el seguidísmo, como el flautista de Hamelin, el pánico...Nadie ha inventado la pócima milagrosa para evitar estos fenómenos, pura psicología. Por eso se suceden los episodios al alza y a la baja. La euforia da paso a la depresión, y al revés. El gentío de la Bolsa se asoma a la ventana y algunos se despeñan presa del miedo. Hoy, como ayer, y como dentro de algún tiempo, se recuerdan los sucesos de la Gran Depresión de 1929. Recuerdo que en el crash de octubre de 1986, fruto de una hinchazón de precios desmesurada para las costumbres de aquella época, el recuerdo a La Gran depresión fue el mismo. Recuerdo que en la crisis monetaria de los 90 del siglo pasado el recuerdo a La Gran Depresión fue el mismo. Ahora es el mismo recuerdo. El fantasma de la Gran Depresión, que los participantes en los mercados sólo podemos contemplarla con la imaginación de la lectura de la época, vuelve a planear sobre los mercados. Se ha instalado en El Mercado.
“Papá ¿Puede la Bolsa cotizar a cero?” Las empresas nacen y mueren, se desarrollan, evolucionan o quiebran. El Mercado les otorga un valor en cada momento, que nunca es el justo, aunque a largo plazo siempre es eficiente, siempre tiene la razón. Una inversión puede saltar por los aires, desaparecer. Tener, en efecto, un resultado cero. O al revés, multiplicarse por dos, tres, cuatro...mil veces. Nunca, en cualquier caso, la Bolsa da un resultado cero, porque el índice principal que la representa agrupa a los valores más líquidos y capitalizados de cada ciclo.
Esa es la respuesta idónea, la gran solución. Es decir, buscar los valores mejor situados en cada coyuntura. Ahí estamos. Mientras, El Miedo (con mayúsculas) es libre. Como ayer, como hoy, como siempre.