La Carta de la Bolsa Imprimir Artículo

ABRA LOS LIBROS DE SU EMPRESA A CUALQUIERA. O DIGA QUE TIENE MUCHAS OFERTAS SOBRE LA MESA

La Carta · Martes, 27 de Noviembre de 2007 Moisés Romero

ilustraciónAhora que los movimientos corporativos de verdad, los que tienen nombres y apellidos como Altadis o Iberia, escasean respecto a meses anteriores, aparece en el escenario bursátil una especie de teatro grotesco, con más sombras que luces, que ha sido capaz de encandilar, no obstante, a los más voraces, siempre insaciables, operadores y agitadores a corto plazo. Hay un término de moda con matices engañosos. Es el de abrir los libros, algo así como desnudarse ante el/la primero/a que llama a tu puerta. Además, sin pudor. Abres los libros, porque supones que alguien, ese alguien, está interesado en comprar tu compañía. Pero no se compromete a nada, hasta que haya leído una página tras otra de la contabilidad. A los mejores expertos en esto de montar carpas de circo en la Bolsa les es suficiente con que alguien, ese alguien diga que ha pedido los libros de una compañía. Las acciones de las empresas que enseñan sus vergüenzas, aunque casi siempre las enseñan a medias, vuelan. Luego el tiempo dirá si las cuentas son ésas u otras, si gustan o disgustan.

Hay más citas curiosas en este magnífico teatro con que pasar las largas tarde otoño y las peores mañanas de este noviembre que está a punto de terminar. Si a usted, amigo empresario cuya empresa cotiza en Bolsa, no le satisface como le trata la vida del mercado y considera, que es lo que todos los presidentes de las empresas que cotizan en Bolsa consideran, que su empresa vale más, no se amedrante ni se esconda en el fondo del callejón, en el lado más oscuro. Amigo empresario, salga a la luz y diga que ha tenido y tiene varias empresas, varias ofertas encima de la mesa, pero que quizá no estudie ninguno por ahora.

Los tiempos, modas, usos y costumbres cambian a velocidad de vértigo en las Bolsas, sin que los Reguladores tengan elementos legales, armas arrojadizas en sus manos para atajar el mal con rapidez. Yo, hasta hace un año, había escuchado a presidentes de empresas y de bancos lanzar peroratas a la galería en la única dirección de que “los títulos de mi banco, empresa, sociedad...están infravalorados. Creo que el mercado está sobrerreaccionado de mala manera. Estos bajos precios suponen una oportunidad histórica de compra”. Ya el año pasado algún empresario deevo cuño, lenguaraz y agitador, puso en el mercado el término, ahora de moda, “tengo varias ofertas encima de la mesa...” Y las acciones de sus compañías, aunque con recorrido corto, volaron al instante. Lo mismo sucede ahora.

Abuso de mercado, que es el mal uso de la información trufada con malas artes operativas ¡Cuántas veces repitió el sabio aquello de que en Bolsa es peor una información mal dada que una mentira! Desde que la tendencia bajista se impuso hace más de doce meses en la mayor parte de los valores de capitalización media y pequeña, para dejar el índice en apenas media docena de compañías, son muchos los responsables empresariales los que han enarbolado la bandera de la Comunicación mal entendida. O dicho de otra manera, lanzas mensajes al mercado de supuesta transparencia en su gestión. Pero todo es una débil capa de barniz.

Rumores, en fin, que ponen en jaque al regulador sin que éste pueda hacer mucho, salvo perseguir de oficio los movimientos previos a las manifestaciones y divulgaciones de informaciones, que luego, generalmente, son desmentidas. Y lo peor en este caso es que los rumores sobre operaciones singulares suplen a las operaciones corporativas ciertas. El peligro acecha a las Bolsas en este encuadre, porque hay arenas movedizas por todas partes.

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