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A la hora de invertir en Bolsa hay estrategas variopintos y muy disciplinados, que siguen una metodología curiosa, pero no por ello menos eficaz que la que emplean los más sesudos analistas del mercado. Se trata de acotar el tiempo al margen de las tendencias dominantes, con el ánimo de anticiparse a la mayoría. En la historia de la Bolsa hay movimientos que se repiten de manera inexorable al margen de la coyuntura. Fallan muy pocas veces, pero fallan, como ahora. Lo hemos citado en más de una ocasión. Se trata del seguimiento que muchos participantes en el mercado hacen de las fechas, puro simbolismo, pero que suele dar muy buenos resultados. Uno de los asertos bursátiles más seguidos por los clásicos es el que dice que resulta muy favorable para los inversores comprar por Santa Lucía y vender por San José. San José fue ayer y muchos han cogido las de Villadiego con más fracaso que éxito. El año pasado sucedió lo contrario.
En la historia de la Bolsa hay sucesos que se repiten con el paso del tiempo, sean cuales fueren las circunstancias del momento y sin que importen las valoraciones alcanzadas por los títulos negociados. Hay quienes histórica y tradicionalmente invierten con fuerza en los días anteriores y posteriores al puente de todos los puentes, al de la Inmaculada (8 de diciembre). Luego, metódica y sistemáticamente, venden lo comprado ahora, cuando se queman las fallas en Valencia. Compran por Santa Lucía y venden por San José. Hay quienes juran y perjuran que el método les ha resultado muy positivo en el 90% de los últimos cincuenta años.
El aserto está fundamentado en el análisis del comportamiento del mercado entre el último tramo de cada año y el primer trimestre del siguiente, porque generalmente es ahí donde se producen los mejores rendimientos del mercado. Citas, en cualquier caso, para adornar un momento de clara desorientación bursátil.
Conviene, no obstante, guardar bien las distancias con estas citas, porque hay otra en inglés que dice sell in May, and go away, but remember to come back in September. En la city londinense queda así resumida la percepción de que el mes de mayo es el que abre el periodo de venta de acciones, el inicio de la tendencia bajista. Entre mayo y septiembre, según los que siguen este método, se produce el periodo de menor rentabilidad bursátil respecto al conjunto del ejercicio. En un estudio publicado hace seis años por Jacobsen y Bouman se destaca el denominado efecto sell-in-May, la incidencia de éste es mayor en los mercados europeos y dentro de éstos en el del Reino Unido. Al menos así ha ocurrido desde 1964.
El recurso a las citas está justificado ahora, según los observadores, por la confluencia de varios factores, tanto técnicos como fundamentales, en la recta final de cada año, que hace muy difícil el análisis al instante de lo que sucede en el mercado. Son momentos, además, en los que conviven factores del presente con proyecciones de futuro, lo que complica aún más el discurrir normal de las cotizaciones.
En este capítulo, frente a la proyección pesimista de augures y estadísticas de antaño, los analistas más fríos insisten en su teoría de principios de año, según la cual la valoración de los activos es insostenible desde las acciones a los bonos pasando por el inmobiliario. Lo importante, según los estudiosos, es que la desactivación de sendas bombas de relojería sea ejecutada por verdaderos profesionales, para que no existan daños colaterales. Pero es imposible, como se acaba de demostrar en los últimos días.
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