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La de las entidades financieras (todas) está siendo la crónica de una crisis anunciada.
Sólo por algunas/os, para la mayoría “España iba bien”, “El mundo iba bien”, las entidades financieras, ¡claro!, iban bien. Lo que alguien tendrá que explicar algún día es cómo se ha llegado a este desatino, cómo se han llevado a cabo, durante años, todos estos despropósitos. Algunos lo dijimos, no la mayoría. (El último ejemplo: Deutsche Bank dice que va a tener que rehacer las previsiones para el 2008 que elaboró hace ! ¡un par de semanas!. ¿Uds. se creen que el principal banco alemán puede, sin más, equivocarse en algo así en un plazo como ese?; yo no me lo creo, ¡no me lo creo!).
De entrada digamos de una puta vez algo: expertos y políticos llevan meses hablando de “dos economías”: la real y la financiera; de tal modo que la primera puede no-estar-bien, pero la segunda es sólida y fuerte. Esto, es falso, pero, además, es una estupidez. Lo ha sido desde mediados de los 80, pero hoy, no es que una -la segunda- esté acompañando a la otra -la primera-, es que las interpenetraciones de la financiera en la real han alcanzado tal calibre, tal dimensión, que la han fagocitado, de tal modo que una y otra son, hoy, lo mismo, por lo que son indisociables e indivisibles. ¿Está claro?.
Esta crónica comenzó el día en que a alguien se le ocurrió que el mundo inmobiliario podía ser el nuevo Eldorado de la rentabilidad. A mediados de los 90 ya se sabía que el experimento puesto en marcha en 1991 había funcionado: dar crédito a mansalva ayuda a salir de una recesión, luego quienes a estas cosas se dedican se pusieron a diseñar un nuevo escenario. En el entorno económico de ya total interpenetración -economía financierorreal y planetaria- se bajarían los tipos, se darían créditos a todo bicho viviente que los pidiera (tanto a personas físicas como a jurídicas), se favorecerían los préstamos interbancarios, se titulizaría todo lo titulizable, y, en algunos países, se tomaría como referente la vivienda; las Bolsas se encargarían de mover la coctelera, y a cobrar comisiones y a hacer beneficios. Fue así, todos lo sabemos, y lo peor: se vendió la idea de que este montaje podía ser eterno y que se autosostenía.
Evidentemente, un tinglado así es insostenible durante mucho tiempo por meras leyes físicas: no se pueden contratar préstamos a corto plazo y nutrirte de ingresos a largo, no se puede aceptar que el empleo del factor trabajo se va a mantener en los mismos parámetros durante cuarenta años, no se puede admitir que la parte del sector servicios de bajo valor va a continuar incrementando su consumo año tras año, no se puede dar por supuesto que la deuda privada puede continuar aumentando indefinidamente. Y todo eso se ha hecho. Y el montaje ha estallado.
¿Qué ha sido lo que ha hecho estallar este montaje?. Hace unos días dijimos aquí que fueron las subprime, y si, lo fueron, pero eso, en realidad fue la manifestación del estallido. Lo que en realidad está haciendo estallar el montaje fue el hecho de que el globo no admitía ya más aire y quienes soplaban continuaban soplando. Apareció una microfisura en la superficie del globo -las subprime-, y ahora esta, ya, fisura se está extendiendo, y va a continuar extendiéndose más, y más y más, hasta que el globo estalle en el 2010.
Y ahora hemos llegado a la fase de las rasgaduras de vestiduras: “¡Ho!, ¡que horror!, lo peor de la crisis aún está por llegar”. “¡Que terrible!, ¡esto da miedo!”. ¿Pero qué se está diciendo?; ¿para quiénes hablan esos que eso dicen?; ¿a quienes intentan convencer de que las cosas están fatal?; ¿no lo imaginan?, pues a la masa de convencidas/os a la que prestaron hasta el paroxismo a fin de sacar beneficios de donde no había: a quienes dependen de un salario, de un empleo, porque claro, quienes pusieron en marcha todo el tinglado están supercubiertos. (Estudios realizados en los años 50 demostraron falsa la creencia de que, en USA, aumentara la tasa de suicidios durante la Gran Depresión en relación a la habida en los años 20, pero claro, ver in The Fifth Avenue, a un señor saltando desde un piso 26 impacta más que si un granjero de Iowa se traga diez pastillas de matarratas, entre otras razones porque de lo segundo puede que no se entere ni su madre).
Vamos a peor, ¡sí!, cada día un poco “más peor”; en Verano un respirito por pura inercia, a partir del Otoño, para abajo, abajo, abajo. De entrada, no se crean nada de lo que les digan: mediten todo lo que oigan: piensen si es lógico; y recuerden: hoy es falso que la economía real vaya por un lado y la economía financiera por otro porque, pura y simplemente, es imposible, y lo es porque, hoy, una ha posibilitado la existencia de la otra, y la otra la de una; es decir, o las dos, o ninguna.
¿Por qué este título?. Vuelvan a ver el film (Ridley Scott, 1982).
(Cuando me enteré me vinieron a la mente muchos de los prohombres del Imperio: Tata ha adquirido Jaguar. Si hay algo que puede ponerse como ejemplo del fin de una era es esto: el colonizado comprando un símbolo del antiguo colonizador. Que no pasa nada, ya lo sé; que la economía es eso, también lo sé; que la globalización tralarí, tralará, lo requetesé. Pero estoy convencido que alguien, en un oscuro rincón de un cottage en la campiña inglesa, con un gin tonic en la mano (un gin tonic genuino, británico, claro: sin ese invento yankee de los cubitos de hielo) derramaría unas lágrimas cuando se enteró. Si hasta los símbolos están cayendo, ¿qué nos va a quedar?).
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.