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Cambios

Opinión · Lunes, 05 de Mayo de 2008 Santiago Niño Becerra

Ya sé, es una frase hecha: “Estamos en proceso de cambio”, pero ahora va en serio.

Se están cociendo unos cambios que tendrán consecuencias imprevisibles, profundí­simas. No entro a valorar (nunca valoro) si serán buenas o malas, pero serán. Son cambios que se han estado gestando desde que el actual sistema empezó su andadura, pero se aceleraron a partir de 1973 – 1979, la Globalización, ya saben. Sin pretender ser exhaustivo, algunos de estos cambios están siendo:

1 – Una de las consecuencias que tendrá esta crisis en la que estamos entrando será el cambio conceptual de algunas definiciones. Si el objetivo dejará de ser el hiperconsumo y pasará a ser la eficiencia, ¿por qué no hablar del PIB como el valor de la producción económicamente útil?; en esta lí­nea, ¿por qué no hablar de horas de trabajo efectivo y productivo en vez de referirnos al número de personas meramente ocupadas. De esto hablaremos mucho en dí­as venideros, no se olviden de este tema: las redefiniciones.

2 – Antes de Agosto del 2007 nadie hablaba de hambrunas, ni de incrementos en los precios de hasta el 75% en algunos alimentos, ni de disturbios provocados por la carestí­a del grano; sí­ que, como causa de la sequí­a podí­a haber problemas alimenticios muy serios en alguna zona de África, pero de forma puntual y siempre en áreas olvidadas; eso, desde Septiembre dejó de ser así­. Va a haber problemas muy serios, serí­simos con los productos agrarios; como causa de una sequí­a generalizada que va a ir afectando a todo el planeta, sí­; también como causa de la especulación financiera trasladada al campo alimentario; y como consecuencia del aumento de la demanda, no tanto de los ‘nuevos paí­ses ricos’ (¡vaya chorrada: decir que un ciudadano medio de Shangai o de Calcuta es rico!) como de la caí­da de producción en los subdesarrollados, también sí­; pero la causa principal es que esta crisis alimentaria se encuadra dentro de la crisis generalizada de recursos en la que estamos desde … Septiembre del 2007: el petróleo es un recurso, el capital es un recurso, pero también el trigo y el arroz; y va a durar: no se resolverá -y no nos gustará cómo- hasta el 2023.

3 – A cuántos billones ha ascendido el impacto de la mierda que tienen las entidades financieras registrada en sus ordenadores no nos enteraremos hasta que la crisis haya pasado; quienes tienen que saberlo ya lo saben, claro, pero no lo dicen, eso es normal (se dice que es normal), pero las consecuencias de toda esta mierda en el modo de entender el mundo financiero van a ser tremebundas. El dato que les voy a dar no tiene ninguna credibilidad: fue elaborado hace un par de años por un bastante iluminado economista e incorporado en un libro muy extraño cuyo tí­tulo, evidentemente, no recuerdo; en cualquier caso, ahí­ está: la suma de los saldos vivos de todos los productos financieros creados equivalí­a, a finales del 2005, a 70 veces el PIB del planeta; si, por decir algo, total, tanto da, suponemos que el 50% de esos saldos vivos correspondí­an a productos financieros generados por y relacionados con la parte real de la economí­a, lo que nos queda es que en el planeta hay dando vueltas más de 1.500 billones de dólares que no corresponden absolutamente a nada, es, por tanto, pura mierda, pero una mierda que, en algún momento, ha necesitado de algún tipo de anclaje en el mundo real para materializarse y, mierda que, en parte -¿en cuánta?- contamina a la economí­a real porque, en algún momento, ha podido financiarla; insisto, la cifra carece de todo soporte cientí­fico. Bien. Aunque sólo fuese verdad el 25% de ese 50% ya serí­a una exageración, y a esa cifra se habrí­a llegado debido a las legislaciones financieras vigentes en los últimos 50 años; las nuevas acabarán con toda esta porquerí­a pero la eliminación, la limpieza de esa mierda va a tener consecuencias. Y, ahora, la pregunta crucial: ¿cómo se reparte esa porquerí­a entre las entidades financieras del planeta?.

4 – En las últimas décadas, las Bolsas, los Mercados de Valores, han estado jugando un papel inimaginable para aquellos primeros inversores holandeses del siglo XVII que inventaron las Bolsas modernas, pero ese papel también va a variar. Hoy las bolsas suben porque las cosas aún no están yendo tan mal como se habí­a previsto y descuentan que mañana vayan a ir menos mal de lo que irán. Sencillamente absurdo. Las cosas, en las Bolsas, cambiarán, seguro, pero el hecho de que todo vaya a ir peor de lo que se piensa, de que hoy, por mal que la cosas vayan, están yendo infinitamente mejor de lo que se cree que irán, va a tener unas consecuencias difí­ciles, hoy, de calibrar, de descontar, vaya. Por eso, lo que supondrá en los modos y maneras de los Mercados los cambios que a partir de ya se van a ir introduciendo van cambiar su filosofí­a de funcionamiento, su conceptualización. Para bien, para bien, se supone (como pasaba en la antigua mili con el valor).

Estos cuatro cambios hay que situarlos dentro del diseño de la nueva estructura que se va a estar llevando a cabo en los próximos quince años. Es decir, que habrá más, muchos más. Vayámonos acostumbrándonos.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economí­a IQS. Universidad Ramon Llull.

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