La Carta de la Bolsa Imprimir Artí­culo

CAMBIOS RÁPIDOS EN LAS CARTERAS PARA QUE NADA CAMBIE. PERO SE LO LLEVAN EN CORRETAJE

La Carta · Lunes, 03 de Diciembre de 2007 Moisés Romero

ilustraciónQuiénes siguen de cerca los movimientos diarios de los mercados de acciones habrán observado cómo la volatilidad implí­cita, al margen de la que procura cada dí­a el fenómeno recurrente de la Crisis de Crédito y de Confianza, ha subido de tono en los valores lí­deres, que son los que concentran el grueso de la operativa en la coyuntura actual. Hay razones internas, de propio mercado, que explican este fenómeno. La proximidad de cierre del año es la de mayor relevancia. Unos y otros, actores y participantes en las Bolsas, tienen que llegar al cierre del ejercicio con las mejores notas posibles. Hay quienes han dado, incluso, carpetazo al año. Como en el juego de las siete y media, se quedan servidos. Otros, por el contrario, deshacen posiciones y componen otras nuevas, con la mirada puesta en 2008. En los dos casos hay un asunto de vital importancia para los protagonistas: el corretaje, los ingresos por intermediación, que son los que engordan sus cuentas de resultados, al margen de las operaciones por cuenta propia. Por eso, es muy frecuente que se reordenen carteras, pero que todo siga igual.

Es una ceremonia aparentemente confusa, pero burda en grado máximo. Hace años invertí­ en uno de los mejores fondos de renta variable de la Bolsa española, eran los años de la exuberancia. Al cabo de doce meses vendí­ toda la posición. El fondo de marras, insisto que en pleno auge de los í­ndices, cerraba cada mes que subí­a la Bolsa con un rendimiento muy inferior al conseguido por el í­ndice. Por el contrario, el fondo bajaba más que el í­ndice el mes que tocaba descensos. Una vez examinadas las ví­sceras de la gestora descubrí­ que el esfuerzo en la gestión no era otro que la acumulación de corretajes, es decir, su propia contabilidad y no la del cliente. Se limitaban a operar alrededor de lo clásico, sota, caballo y rey. Todos los meses hací­an los mismo.

Trabaja entonces en un periódico. Una tarde me llamó el director a su despacho. “Siéntate, Romero”, me dijo. “Una pregunta muy confidencial ¿Cómo es posible que mi fondo del Banco X haya subido sólo un 3% el mes pasado cuando la Bolsa lo ha hecho en un 10%”. Le argumenté la falta de profesionalidad de las gestoras (la suya, por cierta no era la mí­a) y la obsesión principal de intermediar para conseguir corretajes y que, además, no cabí­a denuncias, porque la ineficacia no está penalizada. Al despedirnos le dije que yo habí­a vivido un caso similar y que ya hací­a meses que habí­a liquidado el fondo. Para este viaje no se necesitan estas alforjas.

Seis meses después, el director me confesó que habí­a vendido su fondo al dí­a siguiente
y que le iban las cosas mucho mejor y en lí­nea con las expectativas del mercado. Habí­a invertido su ahorro, me dijo, en los valores lí­deres y a esperar. Es decir, ni compras ni ventas, ni especulación a corto plazo, ni corretajes a la luna. Hace mucho que no sé nada de él, porque luego fueron nombrados más directores. Luego invertí­ personalmente en este proyecto, lacartadelabolsa. Ha pasado mucho tiempo.

La historia, no obstante, se repite de manera rutilante. Veo desde hace quince dí­as trueques y juegos malabares. Hoy compran Telefónica, mañana la venden y pasado mañana la vuelven a comprar. Con Santander, BBVA, Repsol e Iberdrola sucede lo mismo. Cambios rápidos en la carteras gestionadas para que todo siga igual. Pero en el camino, el corretaje se ha dejado notar.

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