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Al sol que más calienta y, siempre, a la búsqueda del éxito fácil, sin esfuerzo. La cultura del pelotazo ha animado a muchos empresarios forjados al calor del ladrillo a faenar en las aguas de la Bolsa, unas veces cálidas, otras con peligroso mar de fondo. Las salidas a Bolsa se han convertido en una fórmula eficaz para llenarse los bolsillos de euros y, lo que es más importante, para ver los toros del mercado detrás de la barrera. Un mil millonario me contaba hace muchos años que la mejor fórmula para hacerse rico en Bolsa es dándole al mercado lo justo y necesario en el momento oportuno. Es decir, alumbrando una buena idea o negocio que esté de moda, como las punto.com en su día o las energías alternativas, ahora. Los bancos de inversión, siempre prestos a cobrar buenas comisiones por colocación, ayudarán al audaz empresario en el empeño. En todos los casos, la tendencia debe ser positiva. El viento debe soplar a favor.
El que la mayor parte de las salidas a Bolsa se produzcan en tiempos de bonanza bursátil y de especulaciones exacerbadas conlleva el que numerosas operaciones y estrenos en los mercados de capitales estén infladas y llenos de abalorios. Es decir, hay mucho humo en otras tantas compañías que deciden recurrir a los mercados de capitales. Ahora, a diferencia de otros ciclos, las empresas acuden al mercado de acciones para dirimir cuitas personales entre los socios en lugar de buscar financiación como antaño.
Es fácil deducir, por tanto, que se ha producido un intercambio de papeles dentro de este fenómeno. Las empresas debutan en Bolsa buscando dinero para sus dueños, es decir, liquidez que de otro modo no conseguirían y el justiprecio que otorga la cotización en un mercado organizado, lo que evita enfrentamientos, tan frecuentes, entre familias y socios de referencia. Muy pocas compañías salen al mercado para buscar financiación. Este no es el mensaje de los tiempos actuales.
Por eso, cuando el viento sopla de cara, las salidas a Bolsa se retraen y los flujos de dinero se inhiben. Las operaciones públicas de venta (OPV) viven horas bajas. Después de la exitosa carrera del último trimestre de 2007, el ejercicio actual ha comenzado bajo de tono y alicaído. Enero comenzó con el triple de cancelaciones que las acometidas en el mismo mes del año anterior. En total, se pospusieron todo el mundo 36 salidas a Bolsa debido a los bruscos desplomes de los principales indicadores de la renta variable. Además, apenas se absorbió papel por 5.760 millones de euros, frente a los 23.750 millones de media mensual en el último trimestre del año pasado.
Mucho humo y mucha fantasía en las salidas a Bolsa. Y siempre, con el viento a favor ¿No habíamos convenido que la Bolsa es un mercado eficiente?
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