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EL BAILE DE MONEDAS ALCANZA UN RITMO ENDIABLADO. EL DINERO QUEDA ATRAPADO EN LA TELARAÑA DEL DÓLAR

La Carta · Miércoles, 21 de Noviembre de 2007 Moisés Romero

ilustraciónLo que comenzó cómo una devaluación orquestada del dólar, con efectos benignos sobre el entramado económico mundial, como la menor inflación importada ví­a precios del crudo, se ha convertido, con el paso del tiempo, en una ceremonia contra el billete verde, que ha creado mucha confusión en los mercados y agitado, con excesiva fuerza y mayor empeño, el árbol de la volatilidad. Abunda la sensación entre los grandes gestores del mundo de que están atrapados en la telaraña del dólar. Salir de ella va a costar mucho dinero, importantes pérdidas que afrontar. El baile de las monedas alcanza en los últimos dí­as un ritmo endiablado y explica el peor comportamiento de los mercados más sensibles a la exportación, como los asiáticos. La violenta devaluación del dólar abarata los activos nominados en esa divisa, pero hay que tener la salud a prueba de bomba para aguantar las pérdidas desde el ángulo de la inversión foránea, porque lo que se gana por un lado se pierde por otro, por el de la depreciación monetaria. Hasta que algún dí­a se recomponga la estructura primaria.

Lo peor en este enunciado es que todo el mundo responde con facilidad a la pregunta de por qué baja el dólar. Ayer realicé una encuesta preliminar entre operadores del mercado, periodistas, empleados de banca, vecinos y la propia familia. La respuesta general fue que el dólar baja porque la economí­a de Estados Unidos está muy débil, con tendencia a empeorar, por la crisis hipotecaria; por la amenaza geopolí­tica, ahora con el deseo de vincular el precio del barril del petróleo al euro; por la certeza de que los tipos de interés volverán a bajar en Estados Unidos en diciembre y por el excesivo endeudamiento de las familias en ese paí­s. Uno entendió al final de la encuesta que El Imperio se hunde, porque todos van contra El Imperio.

Lo que me preocupó al final de la jornada es la facilidad de exposición de los encuestados y la confianza en sus afirmaciones, como si las cosas fueran de ese modo cuando siempre se ha demostrado que las cosas no son como las entiende la mayorí­a. Me inclino a pensar, por tanto, que hay razones de fondo más poderosas, argumentos que se nos escapan, aunque los pronunciamientos anteriores tienen un peso incuestionable en el trasiego monetario de cada dí­a.

Sospecho, por ello, de afirmaciones de última hora, como las realizadas por Paulson, que ha dicho que el dólar debe apreciarse en los mercados de divisas. Lo ha dicho justo en el momento es que la defensa de su moneda, por y para su moneda, se centraba sólo en repetir como un papagayo que “defendemos un dólar fuerte”. Centrémonos en la caí­da de tipos esperada. Tarde o temprano, los menores tipos de interés reactivarán la economí­a, como ha sucedido en el pasado. Por eso, no serí­a descartable una subida del dólar, como anticipo de la coyuntura futura. Pero no sucede de esta manera. Por ello, me quedo con la tesis de última hora, con la que cuestiona el papel secular del dólar como palanca de los mercados financieros internacionales.

De ser así­, los gestores que han apostado en los últimos dieciocho meses por el dólar e invertido allí­ todos sus fondos, apenas pegan ojo por la noche. Les quita el sueño la idea de reordenar sus inversiones según el curso de las monedas, y no al revés. Es un embrollo que se palpa ya en los mercados. De ahí­ el auge de la volatilidad y el enorme trasiego monetario, que tumba las Bolsas.

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