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Vuelvo hoy a uno de los grandes clásicos de la literatura bursátil, el denominado efecto enero, que es algo así como el augurio de lo que puede suceder durante el año recién estrenado, según sea el comportamiento del mercado en estos primeros compases. Repaso algunas consideraciones de interés. He elegido, en esta ocasión, tres condiciones, que de cumplirse, podemos confiar en que las Bolsas tendrán durante el 2008 un comportamiento positivo: 1. Los primeros cinco días de enero deben ser alcistas, de forma que el nivel del mercado debe superar al cierre del año anterior; 2. El mes de enero, en su conjunto, también debe finalizar por encima de los niveles de cierre del año anterior; 3. El nivel de cierre de enero debe ser superior al nivel obtenido en el quinto día de negociación del mes. El trío de consideraciones lo he extraído del análisis realizado por uno de los más famosos gurus de Wall Street. Pero hay más.
Jorge de Ándres Sánchez, Profesor de Finanzas de la Universidad Rovira i Virgili. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, ya escribió en la revista de ICE Nº 2873, que la estacionalidad de los rendimientos en los mercados financieros, que se plasma anomalías de calendario como el «efecto lunes», «efecto enero», etcétera, se ha convertido en un tema clásico de la literatura financiera. El análisis de estos fenómenos se ha centrado en los mercados de acciones, para los que existe tanto una gran cantidad de trabajos como de anomalías documentadas.
Una amplia panorámica sobre diferentes tipos de fenómenos estacionales puede consultarse en Lakonishok y Smidt (1988). No obstante, también existe una literatura relativamente amplia sobre estacionalidad en los mercados de bonos y obligaciones norteamericanos, aunque los fenómenos investigados se circunscriben, esencialmente, al efecto «día de la semana», con especial referencia al «efecto lunes»; y al «efecto enero». En este sentido, son Flannery y Protopadakis (1988) y Scheneeweis y Woolridge (1979) los primeros en documentar la existencia del «efecto lunes» y el «efecto enero», respectivamente, en los mercados de renta fija estadounidenses. En el mercado español de Bonos y Obligaciones del Estado, Heras y Nave (2004) y Andrés y Fernández (2004) observan un «efecto viernes» caracterizado por rendimientos anormalmente elevados, mientras
Apunto ahora alguna referencia mí§as. En los últimos 10 años de Bolsa, enero ha sido algo mejor de la media, con una rentabilidad del 1,51% en este mes frente al 1,11% mensual genérico. Es más, la rentabilidad media del Ibex en los 11 meses que no son enero en la última década es del 0,89%. Desde 1996, enero ha sido bajista en tres ocasiones y alcista siete. La proporción entre alzas y bajas, de 2,3 a una, es notablemente superior a la general, pues en los últimos 10 años la Bolsa ha subido 1,5 meses por cada uno que ha bajado.
Se demuestra, también, que enero es un mes mejor que la media, pero no significa que sea el mejor del año. Cabría mejor hablar de un efecto noviembre, pues este mes es, con una subida media del 4,18% en los últimos 10 años, el más rentable. Además, noviembre sólo ha sido negativo desde 1996 en dos ocasiones, en 2000 y 2007. En el primero, la caída fue dura, del 11,04%, la sexta más abultada del periodo, pero en la segunda fue testimonial, del 0,86%. Y octubre, asociado a la leyenda bursátil de los crashes como el de 1929 o el de 1987, es un buen mes de Bolsa. Un 2,42% sube de media el Ibex. En diciembre el rendimiento es del 2,14%, por lo que el último trimestre es el más propicio para el mercado.
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