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EL DESCALABRO DE LOS PEQUEÑOS FRUSTRA MUCHAS ESPERANZAS, TRUNCA VARIOS PROYECTOS. PERO TODO MEJORAR

La Carta · Jueves, 20 de Septiembre de 2007 Moisés Romero

ilustraciónLos actores en los mercados no deben olvidar que la recuperación de los índices forjada en los últimos tres años ha estado auspiciada, dirigida y proyectada por unos tipos de interés que alcanzaron niveles históricamente bajos antes de reemprender la tendencia al alza. Por eso, muchos gestores reordenaron hace meses sus carteras de acuerdo con los nuevos tiempos, con otras expectativas de tensión monetaria. Por eso, los valores medianos y pequeños, junto a constructoras e inmobiliarias, son los que más han sufrido el avance de los tipos de interés. Este planteamiento, no obstante, ha dado un giro radical en las últimas horas. Los bajos tipos de interés vuelven a planear sobre las Bolsas. Los expertos recuerdan que éstos han tenido un efecto milagroso en la recuperación de los precios bursátiles de muchas compañías y, en el mismo acto, de saneamiento de sus balances, porque en la época de tipos bajos se han celebrado numerosas ampliaciones de capital por parte de empresas que en circunstancias normales nunca habrían tenido acceso a otro tipo de financiación. La tensión monetaria era hasta hace poco uno de los grandes peligros que atenazaban a la Bolsa española. Los tipos, sin embargo, vuelven a sonreír y las lanzas muy bien podrían convertirse en cañas. Quizá haya llegado ya la hora de los más débiles.

Son los más débiles, los valores de capitalización media y pequeña, los que peor aguantan el vendaval, si es que lo aguantan. También, los más endeudados. Desde el comienzo del año se han producido varias oleadas vendedoras, que han terminado con el sueño de operadores, gestores, especuladores y de las propias empresas. En los tres últimos años, compañías con estructuras financieras muy débiles han sido capaces de construir un armazón más firme a través de ampliaciones de capital, que han sido devoradas por los actores. Ahora, el signo es el contrario. Los expertos han venido considerando en los últimos meses que aquellas compañías que no han podido capitalizarse más y mejor en los últimos ejercicios tampoco podrán hacerlo en el futuro.

Es la peor cara, la más fea y brutal, de la Bolsa. Aunque con frecuencia aludimos a los tintes de casino y otros juegos que se producen de puertas adentro del mercado, no podemos obviar, tirar por la borda como despojos, que la Bolsa es un mercado de capitales y que sirve para financiar proyectos, a veces simples ideas, que llegan a buen puerto. La tensión monetaria ha alejado a muchos inversores de estos lares y, lo que es peor, ha dejado en pelota picada a numerosas compañías que necesitan del beneplácito, dinero contante y sonante, de sus accionistas para mantener políticas de crecimiento acordadas antes. A ver quién se rasca ahora el bolsillo.

Este choque de expectativas, que ha frustrado muchas esperanzas y tronchado numerosas ramas de otras tantas empresas que necesitan crecer más, ha obligado a numerosas compañías a reestructurar divisiones y a cancelar estrategias pasadas. La pregunta que se hacen numerosos gestores y analistas es si la gran mayoría de valores de capitalización media y pequeña van a poder acometer el futuro con la misma decisión de los últimos años. Ha cundido la sensación, en fin, de una vuelta a los orígenes, al principio. Los más endeudados necesitan una cura urgente de adelgazamiento. Los más flacos no podrán engordar más, al menos por ahora.

Los movimientos de los bancos centrales y el giro a la baja, sin ambages, de los tipos de interés en Estados Unidos ofrecen, no obstante, otro perfil, ahora más favorable. El descalabro de los valores pequeños y medianos ha frustrado muchas esperanzas, pero los que han logrado aguantar la Crisis no sólo han fortalecido sus estructuras financieras sino que cuentan con mejores expectativas de futuro de la mano de un entorno monetario menos cruel. Los tipos a la baja ayudan, aunque sigan las limitaciones de crédito.

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