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Entre la cortina de humo de Societe Generale se ha cuantificado una exposición de 50.000 millones de euros al mercado mediante la técnica del mál uso de los derivados, que no son otra cosa que instrumentos ideados en su día para agrandar ganancias y pérdidas. Inviertes un euro, pero puedes apostar y mantener durante algún tiempo una posición de 10 euros. Los árbitros te exigen garantías si el mercado toma la dirección opuesta. Si ésta, la tendencia contraria, perdura llega un momento en que pierdes el euro inicial. Esto se ha traducido en pérdidas de 5.000 millones de euros para el banco francés, según los oficialismos al caso. Este ejemplo, cortina de humo que han construido los responsables del banco, lo resaltamos en la Carta de hoy, porque entendemos que es el mejor refrendo de dos asuntos. Uno, que los derivados tienen, casi siempre, efectos letales. Dos, que el volumen de negocio en las Bolsas del que tanto se habla y escribe está hinchado artificialmente.
Sobre los derivados la experiencia demuestra que acarrea más pérdidas que ganancias, más riesgos que otra cosa. Hace 20 años entrevisté al entonces presidente de la Bolsa de Chicago con motivo de su visita a España. Declaró que se hizo rico de la noche a la mañana con una venta de futuros sobre el Dow Jones en octubre de 1987, justo días antes del crash. “El mercado me hizo millonario, porque caía a plomo, es decir, no encontraba suelo y cuando lo encontró había bajado más del 20%. Es decir, aunque yo hubiera querido cancelar la posición antes de la caída total no hubiera podido, porque el colapso era total”.
“Después de esa experiencia me retiré de la Bolsa y me dedico a dar clases de derivados, de futuros y opciones, pero ya no arriesgo nada. En mis años de experiencia en este negociado, el de los futuros, he comprobado que de 100 personas o instituciones que negocian con estos productos, 90 lo pierden todo; 5 se quedan en tablas, pero con mucho sufrimiento y los otros 5 se hacen inmensamente ricos. Como verá, la proporción es alarmante”, me dijo hace 20 años. Conforme ha pasado el tiempo, las estadísticas no han variado.
No todo son calamidades, sin embargo, en esta parcela. Los derivados permiten hacer seguros para atajar pérdidas, lo que técnicamente se denomina coberturas. También, aumentan la liquidez del mercado en las dos direcciones. Nadie se queja cuando los futuros exageran las alzas. Todo el mundo los critica cuando la reacción, como ahora, es la contraria. Nadie denuncia a un analista cuando ofrece un precio objetivo al alza a sabienda que está fuera de órbita. Todo el mundo se queja, no osbtante, cuando la recomendación es negativa y el precio objetivo más bajo.
Los derivados están en el ojo del huracán y muchas instituciones han cortado el grifo de estas práticas. Coincide el fenómeno con una sequía pertinaz del dinero, que sigue sin fluir pese al empeño muy loable de los bancos centrales de regar el sistema todos los días. No hay dinero tangible ni posiciones intangibles. Al corazón de la Bolsa no le llega sangre de ningún tipo. Así no puede cambiar la tendencia.
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