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Andaban a la greña discutiendo si eran galgos o podencos los que corrían detrás de la liebre del mismo modo que filosofan ahora sobre el pecado de la información privilegiada en lugar de la confidencial, mientras la pieza dirimida corre y vuela a sus anchas por los corros bursátiles. Confidente es una persona a quien otra fía sus secretos o le encarga la ejecución de cosas reservadas. El confidente también sirve de espía y trae noticias de lo que pasa en el campo enemigo o entre gentes sospechosas. Por su parte, privilegiado es una persona que goza de un privilegio, que es la exención de una obligación o, en este caso que nos ocupa, la ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia.
Releyendo las explicaciones del Diccionario de la Lengua Española está claro que el privilegiado, en esta acepción de mercado de valores, es un chantajista mientras el confidente es un correveidile, espía y chivato a las órdenes de un superior. Lo difícil en la vida real es establacer las murallas correspondientes para que el confidente no se convierte en chantajista privilegiado. Por ahí, suponemos, van las apreciaciones del regulador.
La Bolsa española está plagada de operaciones especiales, tomas de razón y movimientos corporativos que son cotizados, generalmente y con harta frecuencia, antes de que se produzcan. Este fenómeno es mundial. En Estados Unidos se publican, con cierta periodicidad, estudios sobre el comportamiento previo de las empresas que han sido opadas y en ellos se demuestra que en más del 50% de los casos las OPA ya han sido “olfateadas, olidas y bien pagadas”.
Aquí es donde los reguladores entran en juego. Para ello es necesario que cada compañía establezca un listado de iniciados, es decir, las personas con información sensible y sus allegados. Luego está el mercado puro y duro, los profesionales que llevan muchos años en estas lides y que gozan de una sensibilidad exquisita para detectar movimientos especiales, los movimientos que hacen, precisamente, los iniciados y, lógicamente, se incorporan a ellos exagerándolos y promocionándolos.
La CNMV ha puesto en marcha un ambicioso plan para poner coto a prácticas fraudulentas, de abuso de mercados y manipulación de precios. Es su deber principal, pese a que algunos critican las medidas que se discutirá en los próximos meses. La más polémica es la de la línea caliente del chivato. O sea, se trata de crear una red de confidentes.
Consideramos que el regulador es sabedor de que la puesta en marcha de esta iniciativa, del chivato, debe ser bien pergeñada, porque en el parvulario ya vimos todos como hay infantes que pierden la compostura y que por un lloriqueo y pataleos impertinentes sacan a toda la clase de quicio. El sabio latino ya hizo célebre aquella frase de que “quién con niños se acuesta...excrementatum alborea”
Iniciativas, en todos los casos, positivas a las que hay que añadir las prácticas abusivas de los propios intermediarios a la hora de convenir inversiones y fijar precios tanto en el mercado abierto como en el mundo de los fondos de inversión, que es el que más investigación debería merecer.