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EL RALLY DE NAVIDAD, EL DE PAPÁ Ní–EL, CONTARÁ ESTE AÑ CON MENOS PARTICIPANTES

La Carta · Jueves, 29 de Noviembre de 2007 Moisés Romero

ilustraciónAhora que noviembre se despide y abre la puerta al último mes del año, unos y otros debaten sobre el mito del rally de Navidad, la carrera alcista que dirige Papá Ní¶el y que consiste en la entrada de nuevos fondos al mercado, que aupan los í­ndices. La mayorí­a se inclina por que el fenómeno volverá a repetirse este año, pero habrá menos trineos sobre la nieve de la Bolsa, menos participantes. No podemos obviar, que este fenómeno se ha cumplido de manera metódica y rigurosa entre el año 2000 y el 2006 sin interrupción. Si vamos un poco más lejos, comprobaremos que entre el año 2000 y el 2003, periodo en el que las Bolsas estaban sumidas en un ciclo bajista, también se cumplió a la perfección. Los entendidos dicen que hay algo más que un puro factor psicológico. Por ejemplo, la irrupción en el mercado de los fondos de inversión y planes de pensión, que acumulan compras antes de que termine el año fiscal.

La cantinela de moda en los cí­rculos bursátiles es que nadie quiere quedarse fuera del tradicional rally alcista de Navidad. Un repaso a la estadí­stica confirma esta tesis, pero este año puede ser diferente. De puertas adentro del mercado hay dos asuntos que preocupan, entre otros. Uno, la ausencia de dinero, porque el miedo lleva mucho tiempo instalado en las Bolsas. Dos, la llegada de los í­ndices a niveles de resistencias alcista de vital importancia. Es improbable que éstos se superen sin que mejoren las órdenes de compra.

La situación no es exclusiva de la Bolsa española.
Los expertos miran con especial interés lo que sucede en los últimos dí­as en Wall Street. Tanto el S&P como el Nasdaq y Dow Jones han llegado a niveles de valoración excesivos respecto a las expectativas que se manejan para el futuro. Ni los datos fundamentales económicos ni los resultados de las empresas son capaces de aguantar las cifras de PER que se registran en la actualidad. La tensión se extiende a los mercados asiáticos. El envoltorio final es el endiablado baile de monedas, con su fuerte impacto en la gestión de activos.

Los augures dicen que cabe esperar una mayor concentración de órdenes en los valores más lí­quidos y capitalizados del mercado (Telefónica, los dos grandes bancos y energéticas), pero nada más. Nos encontrarí­amos, de cumplirse el augurio, con un í­ndice soportado por apenas media docena de compañí­as, pero con un mercado destrozado por dentro. Las pérdidas que acumulan la mayor parte de los valores del mercado continuo desde enero son muy elevadas y más aún si el cálculo lo hacemos desde los máximos que en el año han alcanzado estos valores.

Cabe la esperanza, para los más optimistas, de que el esperado recorte de tipos de interés por parte de la Reserva Federal el dí­a 11 de diciembre reanime las compras. También, que en los últimos dí­as del año se produzca una corriente especulativa de mayor o menor intensidad en aquellos valores susceptibles de protagonizar subidas escaparate, en un último intento por cerrar el año con decoro. Maquillaje, en definitiva, para tomar las uvas.

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