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“ES EL MOMENTO DE LA INTUICIÓN, PORQUE LAS VALORACIONES NO EXISTEN”

La Carta · Miércoles, 12 de Septiembre de 2007 Moisés Romero

ilustraciónP.L. es uno de los mejores estrategas de la Bolsa española, famoso desde hace años por la gran cantidad de dinero que maneja y por el buen comportamiento de sus inversiones a lo largo de los años. Dice que en la gran Crisis Financiera actual, en la que los bancos se han negado a mirarse a los ojos y a enseñar sus cartas para ver los posibles default, lo importante es mantener el corazón caliente y la cabeza frí­a. “Es el momento de la intuición, porque las valoraciones, como en todas las grandes Crisis han saltado por los aires. Sube el oro de manera descomunal y fuera de la lógica y bajan otros activos hasta niveles de sima, con precios más bajos de lo que se entiende por ganga. En las grandes Crisis se han forjado las mayores fortunas. Siempre, porque el inversor avispado ha mantenido su buen criterio y mejor intuición y no ha dejado llevar por el pánico general.”

Añade que hay que seguir los acontecimientos con detenimiento, pero “sin prestar demasiada atención a lo que escribí­s los periodistas, porque los medios siempre sacais buen provecho de estas circunstancias a nivel de difusión más que otra cosa. El pánico se sucede en oleadas y los medios sois la resonancia que amplifica del fenómeno, que, además, apenas merece una reflexión serena. Los nervios atenazan incluso a los más frí­os”.

“En momentos como los actuales es muy difí­cil vaticinar con certeza si una acción, sea cual fuere, está cara o barata, porque cada empresa vive su particular calvario y maneja sus proyecciones, según la coyuntura que establece, ante todo, el crédito bancario. Es fácil colegir que las compañí­as más endeudas son las que tienen que sufrir mayores varapalos y que las que tienen tesorerí­a abundante saldrán victoriosas del proceso. Es lógico, del mismo modo, que compañí­as de primer orden no financieras, como Telefónica y algunas energéticas, se conviertan en valores refugios”.

Añade que “la confusión y el pánico hace que se mezclen las churras con las merinas y que se cometan barbaridades en cuestión de precios. Por eso hay que mantenerse al margen de la corriente de opinión general y esperar que amaine el temporal. Esto no es el fin del mundo y si lo es, pues todos al cementerio. Lo importante es intuir cuándo acabarán los destrozos para entrar a saco, siempre con selección ordenada de valores. El tiempo, su medición, ahí­ está la clave, porque muchas valoraciones ya están suficientemente desajustadas”

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