La Carta de la Bolsa Imprimir Artí­culo

ES EL PEOR MOMENTO PARA CONDUCIR POR EL RETROVISOR. ES LA HORA DE LOS INDICADORES ADELANTADOS

La Carta · Miércoles, 26 de Marzo de 2008 Moisés Romero

ilustraciónLos mejores gurus y analistas del mercado han desenterrado el hacha de guerra y, en un manifiesto poco usual, recomiendan aborrecer las prácticas del pasado, las que aconsejan conducir con la ayuda del retrovisor. En términos económicos y bursátiles desprecian los datos y estadí­sticas que se publican cada dí­a, porque, dicen, son agua de borrajas, datos pasados, que lejos de ayudar en la prospección del futuro nos pueden engañar. En el mismo acto, centran todos sus esfuerzos en la detección de los indicadores adelantados, aunque la mayor parte de ellos son poco fiables ¿Qué esconde este sortilegio? Miedo al futuro. Cunde la sensación, como escribí­a el lunes pasado, de que la Gran Sorpresa negativa, si es que llega, se producirá con nocturnidad, premeditación y alevosí­a. Dicen los más viejos y sabios del lugar que todos moriremos con las botas puestas, pero la Bolsa sigue, abre y cierra sus puertas todos los dí­as.

El tren del mercado no se detiene. Los pasajeros tienen la opción de seguir o de tirarse en marcha. Lo peor es correr detrás de la maquinaria. Son numerosos los bolsistas y especuladores a corto plazo los que reconocen en los últimos meses que se han quedado cacareando y sin pluma, desplumados por el azar y el capricho del mercado. Cuando parece que los í­ndices van a sucumbir, resuellan, sacan la cabeza. Y al revés. Sorprenden a unos y a otros, los cogen con el pie cambiado. Los que mejor han librado en este rifirrafe han sido los operadores e inversores con flema, los que se han quedado quietos.

Resulta difí­cil, no obstante, aislarse de lo que sucede en el mercado. El contagio siempre termina llegando, tanto cuando los indicadores padecen la fiebre del alza, presa de la exuberancia, como cuando el pánico se generaliza. Lo curioso de la coyuntura actual es que no sucede ni una cosa ni otra, aunque el principal í­ndice del mercado española ha batido marcas históricas. El hábil proceder de los tejedores de í­ndices permite combinaciones entre media docena de valores lí­deres. Cuando Telefónica sube, bajan los dos grandes bancos, y al revés. Se ha unido a esta contienda la fiebre por la energí­a verde, cuyos máximos valores en términos de Ibex son Iberdrola y Acciona.

Pulsemos, no obstante, la tecla inicial. Los sabios reniegan de los datos de hoy, porque, dicen, son los mimbres usados de ayer. Urge escrudiñar el futuro, examinar las ví­sceras del paciente para evitar sorpresas. Como he dicho el miedo es que nos sorprendan a todos con las botas cuestas. Un poco más allá. Hay pánico a que en un momento determinado la Crisis de Confianza y de Crédito se transforme y vista de Crisis de Bolsa. O sea, miedo al colapso.

Parece, no obstante, que la gran caí­da puede esperar. La recta final de cada año, como ahora, se caracteriza más por la entrada de dinero en los mercados procedentes de Planes de Pensiones y de Jubilación, que por la salida de efectivo. Un sostén importante. El debate sobre el principio del fin del ciclo exuberante continúa, pero se debilitará conforme se acerquen las Navidades. Luego resurgirá con más fuerza a mediados de enero. Eso dicen los augures.

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