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Los españoles ¿somos o no lelos?

Indiscreto · Viernes, 04 de Julio de 2008 Redacción

Lelo es sinónimo de fatuo, simple y como pasmado. Así­ estamos, pasamados, cuando determinada prensa anglosajona escribe que “Los españoles se están dando cuenta tarde de los efectos de la crisis mientras siguen celebrando el tí­tulo de la selección en la Eurocopa, sin ser conscientes de que la verdadera fiesta, la de una década de crecimiento, ha terminado”. Lo acaba de publicar la revista The Economist.

El medio, que arremete con dureza contra el presidente del Gobierno, Jose Luis Rodrí­guez Zapatero, apunta que, entre otras cosas, la pérdida de popularidad del jefe del ejecutivo se debe a su negativa a usar la palabra crisis. A su vez, indica que el acercamiento del lí­der del PP, Mariano Rajoy, hacia el centro, le ha permitido superar en popularidad al Presidente.

Ante la coyuntura económica reinante y la negativa del Gobierno a no recortar en el gasto público, el editorial señala a la privatización, el recorte en el número de burócratas y la congelación de sueldos de los funcionarios como alguna de las posibles medidas para compensar gastos.

La publicación señala a un comentario del Banco de España, en el que dijo que la necesidad de la economí­a es el control del crecimiento de los sueldos y el dar facilidades a las empresas para poder realizar despidos de un modo más barato, y apunta que Zapatero ya ha pedido a sindicatos y empleadores que empiecen a dialogar.

Ante este panorama, ‘The Economist’ dice que Zapatero podrí­a tener como soluciones más fáciles a su falta de popularidad ser más duro con las autonomí­as, especialmente con aquellas con tintes nacionalistas, y endurecer las medidas contra la inmigración con planes tales como impedir a los inmigrantes que se traigan a sus padres o hijos adultos, de modo que se desanime a nuevos inmigrantes a buscar un futuro mejor en España.

“Ser duro en inmigración podrí­a ser una manera más fácil de mantener el nivel de popularidad en comparación con la promoción de reformas económicas no deseadas”, concluye la revista económica. 

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