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El Señor ministro de Economía del Reino de España se ha puesto serio: no van a haber ayudas para la vivienda; el Presidente del BCE también: los tipos de interés se van a quedar donde están. ¿Por qué?, ¿qué está pasando?. No se inquieten es normal.
Estamos en una crisis sistémica y en un momento semejante al período 1764 - 1766, ya lo hemos dicho. Bien, pues cuando se pasa por momentos así, suceden cosas, se redefinen comportamientos, se diseñan nuevas operativas, porque ! se define una nueva estructura; a nivel mundial, claro: la FED: más regulación; la Comisión Europea a las entidades financieras: las pérdidas de los excesos del pasado encima de la mesa; el Sr. Almunia: mayor coordinación; pero también algo que, de entrada es feo: “que cada palo aguante su vela”; snif, snif, ¿por qué ahora?, pues porque la que ya está llegando va a ser una crisis de recursos: y no hay, ni va a haber, recursos para todo. Punto.
Hace unos días, en clase, un alumno hizo una pregunta totalmente lógica: “Si las medidas keynesianas funcionaron para salir de la Gran Depresión, que también fue una crisis sistémica, ¿por qué no se toman ahora medidas keynesianas para salir de esta crisis sistémica que se nos viene encima?”; pues porque aunque efectivamente ambas crisis son sistémicas, las dos son muy pero que muy diferentes: en aquella, lo que había que hacer era inyectar, a saco, oferta monetaria porque el sistema podía absorber toda la que se inyectase; en esta lo que hay que hacer es quemar a mansalva “oferta monetaria” porque lo que sucede es que en el sistema hay un exceso tremebundo de “oferta monetaria”. ¿Por qué las comillas?, pues, hoy, porque oferta monetaria son las monedas que llevan Uds. en sus bolsillos, pero también todo aquello que es susceptible de ser monetizado, es decir, todo; por eso sobra un montón.
Pero estamos de suerte porque cada vez está más claro que un referente temporal se está dibujando en el horizonte: Otoño, yo -Uds. lo han leído aquí- me decanto por Noviembre: finales: acabada la resaca de las elecciones USA; entonces, todo sobre la mesa. Y algo se está diciendo: el Sr. Trichet: la inflación inflexará a la baja a finales de año: claro: el consumo se hundirá.
(¿Perversión de la democracia?. Copio: “Los ciudadanos no están felices con el actual nivel de precios y consideran que la estabilidad es importante. Por eso nos dieron nuestro mandato y nos piden estabilidad de precios”. M. Trichet dixit, en Atenas, el pasado 8 de Mayo. (El País, 09.05.2008, Pág. 27). Leo y pienso: “¡vaya!, yo le he dado mandato al Sr. Trichet para que ahora no baje los tipos de interés”. Sigo pensando: los mecanismos por los que M. Trichet ha llegado a donde está, y sí, tras tropecientos vericuetos yo le he dado ese mandato a ese señor. Ayer se lo comenté a uno de mis vecinos, en el ascensor: tiene una profesión ténica; me miró con cara de alucinado: “Si tu lo dices”. ¿Es esto democracia?; si se dice que lo es, lo es, pero, ¿a qué parece otra cosa?. ¿Qué?, pues una aristocracia tecnocrática; ¿en qué estaban pensando?.
No cambio de tema. Conocerán el dicho: “No hay que confundir el tocino con la velocidad”; también este otro: “No hay que confundir la gimnasia con la magnesia”; (siempre me he preguntado como demonios pueden confundirse la velocidad y el tocino o la magnesia y la gimnasia, pero bueno). Esto viene a cuento de la subida de “la luz” que se lleva anunciando desde hace días. La electricidad, el butano, el gas ciudad, los combustibles, el agua mineral, la paella y las cocas de San Juan (riquísimas: si para San Juan están en Cataluña, no dejen de probarlas, las tradicionales son las de frutas), todo esto va a subir: mucho. ¿Qué tienen en común?: toda esa lista de bienes: son recursos o en su elaboración intervienen recursos, y la tendencia del precio de los recursos va para arriba, es inevitable: cuestión de oferta, demanda y reservas.
“¡Pero cada vez es todo más caro!”, brama la ciudadanía (antes, “el pueblo”, masantes, “la plebe"). Claro, están diciendo que cada vez les cuesta más llegar a fin de mes. Entonces, de quien es la culpa: de los precios que tienen que subir porque son los mercados los que en un sistema como el nuestro asignan los recursos, o de los ingresos cuya cuantía es insuficiente y por lo que cada vez es más costoso pagar los consumos de esos recursos que en la vida diaria consumimos?.
“¡De los ingresos!, ¡de los ingresos!”, se oye en lontananza. OK, y, ¿por qué son bajos esos ingresos?, pues porque hay un exceso de factor trabajo en base a la capacidad de absorción que tiene la demanda de trabajo, y porque la productividad española es bajísima debido al tipo de PIB que el reino genera.
Mal asunto, ¿verdad?. Peores condiciones de vida para la mayoría, ingresos a la baja para muchísimos, precios al alza para todos, desempleo creciente. Estamos entrando en una crisis, ¿recuerdan?. Aunque “Mal de muchos !”.
Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.