La Carta de la Bolsa Imprimir Artí­culo

POR ESTAS FECHAS SE RECUERDA AQUELLO DE COMPRA EN SANTA LUCÍA Y VENDE POR SAN JOSÉ

La Carta · Martes, 11 de Diciembre de 2007 Moisés Romero

ilustraciónUn año más traemos a colación la vieja historia que sigue, porque son muchos los participantes en el mercado que actúan bajo este criterio. En la historia de la Bolsa hay sucesos que se repiten con el paso del tiempo, sean cuales fueren las circunstancias del momento y sin que importen las valoraciones alcanzadas por los tí­tulos negociados. Hay quienes histórica y tradicionalmente invierten con fuerza en los dí­as anteriores y posteriores al puente de todos los puentes, al ya celebrado. Luego, metódica y sistemáticamente, venden lo comprado ahora cuando se queman las fallas en Valencia. Compran por Santa Lucí­a y venden por San José. Hay quienes juran y perjuran que el método les ha resultado muy positivo en el 90% de los últimos cincuenta años.

El aserto está fundamentado en el análisis del comportamiento del mercado entre el último tramo de cada año y el primer trimestre del siguiente, porque generalmente es ahí­ donde se producen los mejores rendimientos del mercado. Citas, en cualquier caso, para adornar un momento de clara desorientación bursátil.

Conviene, no obstante, guardar bien las distancias con estas citas, porque hay otra en inglés que dice sell in May, and go away, but remember to come back in September. En la city londinense queda así­ resumida la percepción de que el mes de mayo es el que abre el periodo de venta de acciones, el inicio de la tendencia bajista. Entre mayo y septiembre, según los que siguen este método, se produce el periodo de menor rentabilidad bursátil respecto al conjunto del ejercicio. En un estudio publicado hace seis años por Jacobsen y Bouman se destaca el denominado efecto sell-in-May, la incidencia de éste es mayor en los mercados europeos y dentro de éstos en el del Reino Unido. Al menos así­ ha ocurrido desde 1964.

El recurso a las citas está justificado ahora,
según los observadores, por la confluencia de varios factores, tanto técnicos como fundamentales, en la recta final de cada año, que hace muy difí­cil el análisis al instante de lo que sucede en el mercado. Son momentos, además, en los que conviven factores del presente con proyecciones de futuro, lo que complica aún más el discurrir normal de las cotizaciones.

En este capí­tulo, frente a la proyección pesimista de augures y estadí­sticas de antaño, los analistas más frí­os insisten en su teorí­a de principios de año, según la cual no hay alternativas válidas a la inversión en acciones, pero no en todas, debido a la sobrevaloración de mercados como el inmobiliario o el de bonos, pero conviene nadar y guardar la ropa. Lo importante, según los estudiosos, es que la incertidumbre desaparezca y que los miedos se desactiven. Para ello es necesario aquello de ¡luz y taquí­grafos! O sea, transparencia.

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