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Situación

Opinión · Miércoles, 14 de Mayo de 2008 Santiago Niño Becerra

Muy jodida debe estar la situación para que ya se diga lo que se está diciendo. El Paí­s del 2 de Mayo, publicó una entrevista a dúo: a los secretarios generales de los dos sindicatos más numerosos, y, como decí­a, muy jodida debe estar la situación para que digan lo que dijeron. El Sr. Méndez habló más clarito que el Sr. Fidalgo, pero, bueno, los dos vinieron a decir lo mismo: que vienen momentos muy duros y que se van a pasar putas; lo dijeron bastante correcto en términos polí­ticos, claro, como hoy debe ser (¿será porque los parados “nuevos”, como dijo el secretario de Comisiones al referirse a ellos, “no son como los de antes”?; y, ¿son como los de antes los lí­deres sindicales de ahora?).

Ambos dijeron que no existe alternativa inmediata al desempleo, ambos dijeron que el paro va a continuar creciendo, ambos se refirieron a que hay que dar el pasaporte al modelo español de crecimiento, pero mientras que el Sr. Fidalgo apostó por la obra civil y por la rehabilitación (asumiendo que esas iniciativas no van a a absorber a toda la población desempleada que se genere, el Sr. Méndez dijo que habí­a que ir por el lado de la productividad.

Ninguno habló de cómo se deberí­an financiar los cambios, ninguno se refirió a las consecuencia que para la ciudadaní­a española y para la residente tendrí­a un cambio de modelo; ambos hablaron de enlentecimiento económico, ninguno de parón, pero ni uno ni otro dijeron, como sí­ dicen, y repiten, los polí­ticos en el Gobierno, que todo se solucionará en el 2010 (¿será porque saben cosas que el Gobierno ignora, o será porque tienen claro donde estamos y hacia donde nos dirigimos?). Y ambos hablaron de la inmigración, sí­, pero poco, mal y tarde.

La inmigración: 10% de la población que “está en el reino”, 14% de la que “está en Cataluña” (la región europea con una tasa de inmigración más elevada). La historia será muy dura con la gestión de la inmigración española de los últimos quince años. A la inmigración se le dejó llegar, se la trajo, se le invitó a venir, se le facilitó quedarse: habí­a que generar los beneficios del ladrillo y de sus colaterales, a bajo coste, claro; ahora esa inmigración ya no es necesaria: se detuvo el ladrillo, pero aquí­ están: vinieron para quedarse.

Y también se les trajo, también se les dijo que vinieran para servir en bares de carretera, en restaurantes de costa, en chiringuitos de playa, haciendo camas y limpiando baños de hoteles ocupados por enrojecidos vikingos libadores de cerveza; se les dejó venir porque eran baratos, porque no exigí­an convenios, porque no reivindicaban horarios, porque la mayorí­a del turismo español es de bulto, de masa, de número, como ellas y ellos, de coste bajo. Y vinieron, pero las rentas están cayendo y el plástico declinando, y derivando la demanda de esos vikingos; y quienes llegaron ya empiezan a sobrar.

Hace años, muy pocos hablábamos sobre lo que iba a pasar. Durante los últimos años, en el reino, una de las exigencias para ser considerado progre, para ser admitido en el club de las progres y de los progres, ha sido estar a favor de la inmigración, estar a favor de que viniesen. Bien, ya llegaron, ya han generado enormes beneficios a quienes con su llegada se han beneficiado; vale; OK; y ahora que ya no son necesarios, ¿qué vamos a hacer con quienes vinieron?. En los 70, cuando en Alemania, en Francia, en Bélgica, en Suiza, los emigrantes españoles dejaron de ser necesarios regresaron: aquí­ tení­an unas ciertas expectativas, ¿qué expectativa puede tener en su paí­s un ciudadano de Malí­ que llegó en una patera, o una ciudadana boliviana que entró con un visado de turista, o una familia rumana que fue desembarcada a las afueras de cualquier ciudad española?.

Muy astutamente, ni el Sr. Méndez, ni el Sr. Fidalgo hablaron de previsiones. Hoy, en el reino, la tasa de desempleo alcanza al 9,3% de la población activa (considerando el subempleo, ni se sabe), el juvenil llega al 20,8%; de esa tasa de desempleo, el 8,7% es de españoles, el 14,6% de inmigrantes. Cada vez hace falta menos factor trabajo: cuestión de productividad; cada vez hará menos factor trabajo: cuestión de evolución sistémica. 

Y españoles e inmigrantes aún no están compitiendo por los mismos empleos; en Francia, ya sí­: ¿cuestión de oferta y demanda, o de otra cosa?.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economí­a IQS. Universidad Ramon Llull.

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