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A punto de concluir el primer trimestre del año, el inversor más inquieto y el operador bursátil más dinámico ya han conocido cómo el suelo de la Bolsa temblaba bajo sus pies, a raíz de los sucesos de finales de febrero y principio de marzo. También, cómo el mercado ha vuelto a levantar airoso la cabeza, aunque noqueado y con pérdida coyuntural de orientación. Conforme pasa el tiempo alcistas y bajistas libran una batalla muy enconada. Advierten los primeros de que el mundo va bien, por mucho que determinadas cifras renqueen. Resaltan los pesimistas que el tiempo corre en contra de la Bolsa y de sus valoraciones, porque lo mejor ya está descontado. Justo a las puertas de las minivacaciones de Semana Santa, la mayor parte de los gestores no saben qué exponer a sus clientes respecto a lo que ha sido el primer trimestre y mucho menos, claro está, cuáles serán las referencias de futuro, los hilos que moverán las cotizaciones.
“Somos como esas tortugas centenarias que caminan a un ritmo desesperante. Sacamos la cabeza ante cualquier rayo de sol, por tenue que sea, ansiosos de que con el llegue la luz de verdad a las Bolsas, pero la metemos dentro, rápidamente, del caparazón cuando sopla el viento del norte, aunque sea con fuerza escasa, un brisa tenue. Este es nuestro comportamiento desde principio de año. Cansancio, agotamiento, desesperación pero, casi el instante, ilusión y esperanza”, dice J. R. uno de los operadores más dinámicos del mercado español.
“Lo peligroso, lo que tenemos que evitar en este comportamiento de tortuga, es tener exceso de confianza y despreciar los peligros. Con la cabeza fuera del caparazón no se puede estar mucho tiempo, porque siempre hay alguien que está dispuesto a cortártela de un tajo y hacer sopa de tortuga. Se trata de mantener una vigilancia muy severa respecto a lo que pasa dentro y fuera de la Bolsa. No son tiempos de amor eterno, de mantener posiciones largas en el mercado durante mucho tiempo, y al revés, de dormirse en los laureles con ventas al descubierto o préstamo de valores”, añade.
Nuestro interlocutor de hoy resume gran parte del sentimiento general que domina la actividad de los mercados de acciones en las últimas semanas e introduce elementos de valoración posible cara al futuro. Entrar y salir con rapidez para tratar de amarrar flacas plusvalías a corto plazo o evitar magras pérdidas es uno de los hábitos más frecuentes de la coyuntura actual. Los sabios aborrecen este tipo de actuaciones. Dicen que es mejor estarse quieto si las posiciones asumidas son atractivas o permanecer en liquidez si la percepción es negativa. O sea, todo menos entrar y salir a ritmo endemoniado.
Encuadre complejo, como siempre, el del mercado de acciones. Los observadores recomiendan prestar atención a la publicación de las próximas cifras y estadísticas sobre la evolución de los fondos de inversión durante el primer trimestre para ver el trasiego de unos y otros y el estado de ánimo de los participantes que han elegido esta fórmula para estar en Bolsa.
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