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La oleada de operaciones corporativas en el sector energético e inmobiliario; la concentración del capital en pocas manos, principalmente en el sector de la construcción y las nuevas OPA que se proyectan sobre valores líderes dentro de su sector, han dejado hueco, vacío de contenido al Ibex, el principal índice de la Bolsa española, sobre el que los grandes gestores del mundo proyectan sus estrategias y movimientos. Lo mismo sucede con los gestores nacionales y con los fondos que comercializan las instituciones financieras. La tendencia, lejos de mejorar, amenaza con un empeoramiento paulatino. El índice de la Bolsa española pierde representatividad a pasos agigantados. El Comité del Ibex anunció recientemente que flexibilizará los planes de revisión de los componentes del mismo para que éste no permanezca manco durante mucho tiempo, como ha sucedido ya con las exclusiones parciales de Metrovacesa, Fadesa y la emblemática Endesa.
Si es grave el deterioro de la representatividad del Ibex y, por derivación, de la Bolsa española en la que están todos los que son, pero no son todos los que están, no es menos pernicioso en términos de gestión bursátil la pérdida de capitalización del principal índice del mercado. Dejando a un lado el excesivo control de poder y de acciones en pocas manos, si las OPA que se anuncian salen adelante, la capitalización del mercado de valores español quedará seriamente minada. Y lo que es peor, los recambios para los valores que se van apenas aportan cifras en este epígrafe, apenas mejoran la calidad, al tratarse de compañías de capitalización media o baja. Es lo que hay.
El Ibex es, por ello, un índice de pacotilla, de inferior calidad respecto a sus principales homólogos internacionales. Algunos sabios añaden que el indicador se ha hecho sin esmero y que no es descabellado construir un Ibex con menos valores, por ejemplo 20, pero bien dotados en términos de capitalización, porque ésta es la que permite la maniobrabilidad de los inversores. Liquidez y capitalización, y al revés, son consustánciales a la Bolsa como tal. Ambos términos alcanzan su máxima expresión, además, en épocas de turbulencias o incertidumbres; también, de miedos y sospechas o, como ahora, cuando se consiguen niveles históricos que azuzan el temor al mal de altura.
Los mejores gestores del mundo ya han puesto en cuarentena sus expectativas y proyecciones sobre el Ibex español al considerarlo pobre de contenido aunque aún con potencial corporativo. Esta percepción no mejora la percepción de fondo, en contra de lo que inicialmente cabe suponer, porque a estrechez demostrada del índice impide que los gestores se muevan con comodidad. O dicho de otra manera, si todos los fondos acuden a los valores susceptibles de ser opados provocarián un estrangulamiento de tales dimensiones que incluso las OPA no llegarían a realizarse. Lo peor llegaría a la hora de vender, porque el caos sería total.
Si las OPA diseñadas sobre tres de los valores del Ibex -Endesa, Altadis, Iberia y Aguas de Barcelona- culminan, la capitalización del selectivo español se verá mermada en un 15%, según valores teóricos actuales. La situación puede empeorar de manera sensible si la guerra en el sector energético se recrudece y caen en la red grandes piezas como Repsol, Iberdrola, Unión Fenosa....
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