El índice de la Fed de Filadelfia se sitúa en -39,3 frente al -35 esperado por los expertos
Vuelta a los orígenes y, lo que es peor, un precedente muy grave del que tomarán buena nota otros tantos países. Eso es lo que sospechan, temen, los expertos, que han defendido en los últimos decenios la libertad de mercado. “Cómo deben estar las cosas para que la Administración de Estados Unidos haya utilizado mil y una argucias en los últimos trece meses, con el propósito de convencer al resto del mundo que todo lo que afectaba al sector financiero, en general, e inmobiliario en particular, lo tenía bajo control, pero era justamente lo contrario. Trece (13) meses después, la voladura es más intensa, pero controlada bajo el paragüas del Estado, una nacionalización en toda regla. Ya hemos advertido de que los accionistas son los que más pierden en este caso, incluso lo pierden todo. Por eso, prudencia en la Bolsa y cuidado con las alharacas, porque la situación financiera es la más grave y complicada de la Historia de Estados Unidos. Las Bolsas pueden entusiasmarse hoy con esta medida, pero mañana o pasado mañana recapacitarán y las caídas serán más fuertes. Son medidas desfavorables para el normal desarrollo de los mercados. Esto pinta cada vez peor, porque la desconfianza se generaliza conforme pasa el tiempo. Todos nos sentimos cada vez más engañados”, dice el analista jefe de un banco de inversión de primer orden, una vez confirmado que el Gobierno de Estados Unidos tomará el control de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, dejando de lado el interés de los accionistas en ambas compañías.
Henry Paulson, secretario del Departamento del Tesoro del Gobierno estadounidense, ha dicho que la figura elegida para el rescate es la tutela legal, ya que le ofrece el tiempo necesario para acometer una reestructuración de las dos compañías y reactivarlas con una inyección de capital público. Según la agencia AFP, el Tesoro invertirá hasta un máximo de 100.000 millones de dólares (alrededor de 70.000 millones de euros) en cada una de las empresas para evitar la quiebra.
La Agencia Federal de Financiación de Vivienda (FHFA, por sus siglas en inglés) será ahora la encargada de gestionar las entidades con carácter provisional. La reestructuración incluirá la sustitución de sus dos máximos responsables, Daniel Mudd, de Fannie Mae, y Richard Syron, de Freddie Mac. En su lugar estarán dos veteranos del mundo de las finanzas: Herb Allison, ex presidente de Merrill Lynch, encabezará Fannie Mae, y David Moffett, quien fue vice presidente y presidente financiero de U.S. Bancorp hasta comienzos de 2007, presidirá Freddie Mac. Paulson ha informado que Mudd y Syron, sobre quienes han caído la mayoría de las críticas por el fracaso de las compañías, ayudarán en la transición.
La intervención anunciada el domingo es la mayor de la historia en el sector bancario de Estados Unidos. Fannie Mae y Freddie Mac respaldan casi la mitad de los créditos concedidos a las familias estadounidenses y el Gobierno no quiere arriesgarse a dejarlas caer por el peligro que supondría para la estabilidad económica y el sistema financiero. Los análisis bancarios más reciente colocan en 9% la cifra de dueños de casas en EE UU que tienen retrasos en sus pagos o afrontan la pérdida de la vivienda.
Medidas previas
A finales de julio, el Congreso estadounidense aprobó un plan de emergencia que otorgó al Departamento del Tesoro la autoridad para ofrecer una cantidad de préstamos indeterminada a las dos empresas, o tomar una posición accionaria de las mismas si continuaban en problemas. La legislación hipotecaria convertida en ley por Bush ese mes, requiere que las compañías estén de acuerdo con el apoyo del Tesoro.
Las acciones de ambas compañías se han desplomado casi 80% desde mediados de mayo, en momentos en que el mercado hipotecario estadounidense registra una importante desaceleración. Esto ha resultado en pérdidas para ambas empresas de cerca de 14.000 millones de dólares en los últimos cuatro trimestres, lo que ha minado su capital.
Los mercados financieros han estado pronosticando que una inversión del Tesoro de EEUU respaldaría explícitamente la deuda de las compañías, que asciende a 1,6 billones de dólares, pero dejaría sus acciones prácticamente sin valor.