Se publicarán el viernes, con nuevo método contable. Se espera que la tasa de paro sea igual o superior al 7%
Diez de cada 25 latas de sardinas en aceite de oliva no contienen el pescado que deberían o su aceite no es el prometido, al ir rebajado con aceite de semillas. Aparte de la ‘Sardina pilchardus’, que es la especie que la legislación considera sardina propiamente dicha, existen otras veinte especies que por su parecido con la sardina pueden comercializarse como “conservas de tipo sardina”. En este sentido, una vez analizado el contenido de 25 latas, la OCU ha descubierto que 18 de ellas fueron efectivamente ‘Sardinas pilchardus’, cuatro correspondieron a la especie ‘Sardinella aurita’ o ‘alacha’ y dos de ellas mezclaban ‘alacha’ con sardina, a pesar de que la ley prohíbe mezclar dos especies en una misma lata. Respecto al líquido de cobertura de las sardinas en conserva, la ley dice que cuando se presenta como “aceite de oliva” no se puede mezclar con otros aceites, y en caso de hacerlo hay que declararlo. Asimismo, en 19 latas el aceite de oliva fue el prometido, mientras que en seis la proporción de ácido linoléico superó a la del ácido oleico, lo que indica que el aceite de oliva fue mezclado con aceites más baratos, como los de semillas de soja y girasol. En la Bolsa siempre hemos dicho que se venden latas de caviar a precio de ganga y que el truco consiste en vender la lata a otro. Nunca hay que abrirla, ahora que algunos tanto hablan de gangas.
“He abierto una lata de caviar y he visto que era caballa. Me habían dicho que la empresa X iba a dar unos magníficos dividendos, que su recorrido era inmejorable y que las acciones iban a subir como la espuma. Pero la empresa X ni da dividendos, ni tiene potencial y, además, baja a plomo”. Esta es una de las primeras reflexiones en voz alta que escuche hace 31 años a uno de los barandilleros (especuladores a un día, o menos) de la época.
“Lo que tienes que hacer es vender la lata del presunto caviar a otro y ese otro a otro, y así hasta conformar una gran pirámide. El que tenga la osadía o la curiosidad de abrir la lata comprobará que eso del caviar es pura ilusión, que es sólo el envoltorio el que recoge la mercancía y entonces se quedará con la brocha, con la lata, en la mano. O sea, no hay que abrir nunca la lata sino intentar venderla a un tercero con el mayor beneficio posible”, decía otro especulador más avisado.
Si la OCU abriera todas las latas envueltas en rótulos de caviar que cambian de manos en la Bolsa española, y también las más importantes plazas del mundo, se rasgaría las vestiduras. Además, los actores sufren desde hace tiempo una amnesia específica, la relacionada con diferentes rúbricas del balance de la mayor parte de las compañías cotizadas. Tal es el olvido en que incurren, que las cifras que presentan hoy son revisadas, a peor, mañana y las de mañana, peores que las de pasado mañana. No obstante, les es suficiente, les satisface un nuevo cambio de etiquetado para volver a la palestra. Donde dijeron que había atún hay sardinas, donde escribieron que había caviar había caballa. El aceite de oliva era de girasol y el de girasol de colza.
Los tremendos varapalos soportados por la mayor parte de los valores en el año propician la venta ambulante de conservas a precio de saldo. Uno siempre tiene la tentación de comprar duros a peseta (euros a cinco céntimos), pero la realidad ha demostrado que eso nunca es así. Vuelven las gangas, quiero decir, a muchos listados de recomendaciones, que airean determinados medios, con desparpajo. El término se ha utilizado con harta frecuencia en los últimos meses y se ha demostrado ineficaz, peligroso.
Mi consejo, desde la humildad, es que si compran una lata de caviar o de sardinas a precios de ganga en la Bolsa, lo mejor es que la vendan rápidamente. No la abran para evitar sorpresas u olores desagradables. Se escribe y se diserta de gangas desde hace más de dos años, cuando el Ibex pasó desde los 16.000 puntos a los 15.000, desde los 15.000 a los 14.000 y, así, sucesivamente.
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