¿RECUERDAN EL TEQUILAZO? EL MUNDO GLOBAL, CON EE UU A LA CABEZA, HUELE PEOR QUE ENTONCES
Moisés Romero - Miércoles, 10 de Diciembre
Los números dejan atónitos a todos. Los bancos centrales, como el nuevo maná bíblico, tiran millones de dólares, euros, yuanes y demás monedas desde los helicópteros. Los números alcanzan cifras récord. La suma del gasto e inversión pública (infraestructuras y activos financieros), más el aumento del balance de los bancos centrales, unido a las garantías para asegurar pérdidas de activos, emisiones de deuda y otras formas asumidas para crear mercados, tapar agujeros o directamente impulsar la economía suman en estos momentos 8 (ocho) billones de dólares, según los mejores matemáticos. Una cifra récord, histórica, que nos aproxima a entender, que no a evaluar, la Crisis Global. Quienes se han empeñado en delimitar el alcance de la Crisis Global en los últimos dieciocho (18) meses, por el ejemplo el FMI, se han equivocado y han equivocado a los mercados de manera reiterada. Decían que el coste de la Crisis actual era mínimo en comparación a otras Crisis del pasado. Pero si actualizamos las cifras de ahora en términos absolutos, nos vamos directamente a la primeras posición de la Historia en términos relativos al PIB mundial. En Crisis anteriores, los desembolsos se centraban en una zona o país. Por ejemplo, lo que sucedió en México en 1995. Pero ahora huele mucho peor. Contaban las crónicas de entonces que la masiva fuga de capitales registrada a principios de 1995, con destino final en colchones, paraísos fiscales u otros mercados emergentes, provocó una Crisis en el área sin precedentes.
Datos estadísticos indicaban que en 1995 la renta per cápita se estancó, aumentó el paro, disminuyó el flujo de capitales, la inflación continuó controlada hasta índices mínimos históricos y no se observó una reducción de las desiguales rentas de ricos y pobres. Al contrario, creció la separación amenazando la estabilidad social. La consolidación económica de América Latina, favorecida por la democratización de sus gobiernos, el mayor intercambio regional desde Centroamérica al Cono Sur, con el Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) como agrupamiento de más éxito, distó de haberse logrado definitivamente.
Hoy nos centramos, no obstante, en México. El Gobierno mexicano asumió a través del desaparecido Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) (que fue sustituido por el IPAB) una deuda acumulada de más de 90.000 millones de dólares para rescatar a los bancos durante la crisis de 1995, conocida como el tequilazo, que puso al borde de la quiebra al sistema financiero. De acuerdo con el programa de compra de cartera que aplicó el Gobierno desde 1995, los bancos Banamex, Bancomer, Bital y Banorte vendieron créditos por 212.000 millones de pesos (equivalentes a 19.629 millones de dólares de entonces). Ocho años después, ya en 2003 los cuatro bancos mexicanos ‘supervivientes’ de la crisis de 1995 habían recuperado el 70% de los recursos que destinó el Gobierno para salvarlos de la quiebra. Las restantes 14 instituciones bancarias que existían antes de la crisis quebraron y fueron intervenidas por el Gobierno con un coste de unos 600.000 millones de pesos (unos 49.960 millones de euros), coste que fue asumido por los contribuyentes mexicanos.
El Gobierno mexicano vendió al mundo esta iniciativa como un gran éxito ¿Pero que pasó en esos años? Carlos Heredia Zubieta (Economista mexicano. Diputado Federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y miembro del Equipo PUEBLO.) escribía en 1999 que “A casi cuatro años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá, y treinta y cinco meses después de la maxi-devaluación del peso mexicano, el gobierno del Dr. Ernesto Zedillo proclama una y otra vez, en distintos foros internacionales, que la economía del país azteca ha podido sortear la más reciente crisis financiera sin mayores problemas. Se declara de manera reiterativa que, gracias al draconiano programa de т«ajuste dentro del ajusteт» iniciado en febrero de 1995, México puede resistir los embates de la inestabilidad bursátil y cambiaria -ahora provenientes del sudeste de Asia- y continuar lo que desde el gobierno priísta se denomina la т«recuperaciónт» económica…”
“...La realidad, sin embargo, es muy distinta. Para infortunio de la mayor parte de los mexicanos, la economía del país sigue mostrando características de alta vulnerabilidad en al menos cuatro aspectos:
1. La elevada volatilidad de los capitales especulativos que han financiado la cuenta corriente. Hasta ahora, tanto las autoridades financieras como los banqueros se han mostrado reacios a adoptar cualquier tipo de control o imponer tributo alguno a dichos flujos.
2. La dependencia de las importaciones en el momento en que la actividad económica comienza a cobrar vigor. El superávit comercial propio de la etapa de contracción económica ha disminuido, y empieza a perfilarse un nuevo déficit en la balanza comercial, el mismo que también deberá ser financiado con capital externo.
3. Los desequilibrios en la recuperación, que sólo alcanzan al llamado т«sector modernoт», que comprende las actividades de exportación y aquellas vinculadas a los circuitos financieros internacionales, dejando fuera al mercado interno, que continúa deprimido.
4. La exclusión de la mayor parte de la población mexicana de la recuperación económica. A partir de 1982 se ha perdido más de 66% del poder de compra del salario, y el ingreso per cápita en 1997 es inferior al registrado quince años antes…”
Esto pasó en México, con efectos colaterales que aún perduran en el tiempo. Las cifras expuestas al principio reflejan parte de la gravedad del problema, pero eso es PASADO. La pregunta es ¿cómo será el FUTURO después de las deudas contraídas ahora y las que se seguirán contrayendo?
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